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Ángel Reyes Burgos, firma libro en El Corte Ingles

Desde que me otorgaron el premio a mi ultimo libro no he dormido bien, estaba muy nervioso por tener que ir al Corte Ingles a firmar ejemplares, pero ayer me arme de valor y fui allí a la hora convenida, había una mesa central fuera en la calle cerca de la entrada con mis libros y una mesita auxiliar a mi izquierda con más libros. En lo alto de la mesa había un enorme cuenco con muchos bolígrafos que se regalaban a todos los que firmara y en el suelo a mi derecha sobre una especie de manta, gran cantidad de productos comestibles, eso me dio muy mala espina por su olor y también porque sus envolturas parecían haber estado en un campo de refugiados.

Yo ya había acordado con los organizadores que en lugar de los seis mil euros del premio, me dieran en efectivo comida que es de lo que mas he carecido desde que soy escritor. En una mesita auxiliar a mi derecha había unos platos de plástico con algunos comestibles por si alguien quería picar algo, pero al que se acercaba lo único que recibía eran buenos picotazos de las moscas que por su tamaño, más parecía que la estaban preparando para sustituir a los camellos de los reyes magos...

Me asuste al principio por la  cantidad de gente que había en la cola, pero más por el tipo y la cara de aquellos que miraban la manta como si fueran relojes rolex de oro en un mercadillo, la verdad es que de cara de lectores no tenían ni el asomo. Me llamó la atención un grupo que se acercaba diciendo.- Te queremos Ángel, sigue escribiendo así. Yo entendía que supieran mi nombre por que estaba en el cartel, pero no entendía que se acercaran todos empujando un carrito de Merca dona lleno de chatarra.

Yo le explique al organizador que no conocía a nadie,  y pregunté, ¿como han venido tantas personas? el fue honesto conmigo y me contesto que son como los extras de una película que se les contrata para hacer un evento con éxito y que la cámara de la televisión lo grabara publicitando de esa forma las donaciones de las empresas que los apoyaban. 

Yo no había comido nada de los nervios que tenia, pero al ver un langostino cerca de mi lo agarré con ganas, pero estaba tan pasado que la cabeza se le callo sola aunque con suerte para mi en mi pantalón, por lo que la volví a coger y de un buen chupeton le volví los bigotes para adentro. No hice caso de como olía, y como la gabardina se le resbalaba del cuerpo como si fuera la piel de un zombi de una película, me la comí vestida y todo y al compañero de al lado me lo metí en el bolsillo.

Los organizadores dieron por terminado el evento una hora ante pues no se acercaban gorrones nuevos para ver que caía y en un santiamén me encontré solo y el securata con cara de ser fiebre del sábado noche, me miraba con cara de pocos amigos y alentándome con la mano a levantar el campo.

Yo tenia un dilema, ¿que hago con toda esa comida?, hablé con un taxista que estaba enfrente mirándome con cara de sarcasmo desde que llegué y me dijo que todo no cabía en el taxi, pero que iba a llamar a su cuñado que es transportista y me ayudaría...en tres intentos más de ensellarme la porra el puñetero securata, llegó el cuñado. Se bajó de la furgoneta y sin decir una palabra entre los dos metieron todo dentro de la furgoneta, yo estaba preocupado porque no habíamos echo ningún trato.

Cuando terminó me pregunta, ¿Cuanto quiere usted por todo?..pues creo que con cien euros ya me vale. El hombre soltó una carcajada y poniendo dos billetes de 20 en mi mano me dice, es todo lo que le puedo dar. Iba a guardar el dinero y me para por la mano, me coge los dos billetes y me dice, oiga amigo, yo soy transportista y no me va a pagar nada por el porte? y dicho eso me tomó los dos billetes y me puso una moneda de dos euros en la mano...no quiero abusar de usted, esto para el autobús.

Al llegar a mi casa y como siempre que se hace de noche, me sonaban todas las tripas y el frigorífico estaba vacío, me mire en los bolsillos para ver que tenia algo y allí estaba ella, la gamba mirándome con ojos de zombi y la gabardina con mas arrugas que la del Colombo. pero como un escritor de éxito como yo iba a despreciar tan suculento bocado...

Antes de dormir me prometí no volver a asistir a otra firma de mis libros, si de todas formas he leído algunos después de firmarlos, y no he notado ninguna diferencia...

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